Un tema obligado para la reflexión en todos los niveles
educativos del país.
Julián de Zubiría, con la contundencia de los argumentos
que presenta, pone sobre la mesa de discusión un tema que no hemos querido
afrontar con el suficiente compromiso. Invito a quienes tienen algún grado de
interés en los asuntos educativos y, ante todo, a aquellos que creen necesaria
e indispensable una reforma estructural sobre las prácticas educativas
convencionales, a que debatan con sus pares cuál es el camino a seguir para que
no sólo puntuemos mejor en pruebas como la comentada en el artículo, sino
también y sobre todo para que configuremos una ruta distinta que haga de los
niños, niñas, jóvenes y profesionales
colombianos una población más preparada para enfrentar la vida y los retos que
ella representa.
Juan Carlos Yepes Alzate
Manizales, 3 de abril de 2014
¿Por qué los malos resultados?
Por Julián De Zubiría*
PRUEBAS PISA Según Julián De
Zubiría, fundador del Merani, a los estudiantes les va mal porque no se les ha
enseñado a pensar, interpretar y resolver problemas.
Que Colombia haya ocupado el último lugar
en las pruebas PISA es frustrante, pero hay que entender los resultados en
contexto.
Por absurdo que parezca, la escuela
en América Latina ha venido trabajando sin tener en cuenta cómo funciona el
cerebro. Se ha esforzado por transmitir informaciones para que sean recopiladas
por los estudiantes, desconociendo que la mente es extremadamente deficiente
para almacenar datos. En eso nos superan con creces las computadoras y las
grabadoras.
El cerebro está diseñado para crear, soñar, amar,
inventar, procesar, analizar e interpretar la información, pero no para
almacenarla. Para ello fueron creados las redes, las USB, los celulares y los
discos duros. Sin embargo, hasta ahora no hemos inventado nada que analice e
interprete mejor la información que el cerebro humano, posiblemente nunca lo
podremos hacer con la flexibilidad, plasticidad y adaptabilidad que lo
caracterizan.
Lo anterior es cierto en mayor medida en una época en la que logramos guardar
casi toda la información en medios magnéticos. Vivimos una sociedad que posee
una red casi ilimitada de circulación de archivos. Esta situación ha permitido
caracterizar el desarrollo de la competencia para interpretar y analizar datos,
como la meta cognitiva más importante del proceso educativo durante la
educación básica.
No se requiere tener en la cabeza la información exacta sobre los accidentes
geográficos, los presidentes, los algoritmos, la gramática o los símbolos
químicos, como había supuesto la escuela tradicional. Ahora bastará con una
tecla de un computador o un celular para acceder a cualquier información
necesaria. De la misma manera que hoy en día no tenemos que recordar los
números telefónicos ya que éstos se pueden archivar magnéticamente. A
propósito, ¿cuántos números telefónicos sabe usted si se le pierde el celular?
Lo que sí necesitamos con urgencia es que los jóvenes sepan dónde y cómo
encontrar la información, cómo interpretarla, analizarla y contrastarla de
diversas maneras. Que puedan trabajar hipotética y deductivamente con ella; es
decir, requerimos competencias para argumentar, deducir, inferir e
interpretar.
Así como los deportistas necesitan ejercitar sus músculos para desarrollarlos,
niños y jóvenes tienen que ejercitar una y otra vez sus procesos para pensar.
La escuela debería ser un lugar para ejercitar estos procesos de pensamiento en
todas las clases, en todos los cursos y en todas las asignaturas. La escuela
tendría que ser un gimnasio para pensar.
Sin embargo, por dedicarnos a transmitir múltiples informaciones
desarticuladas, los niños y jóvenes en América Latina adquieren muy pocos
conceptos de las ciencias sociales, de las ciencias naturales y de la
matemática. Es por ello que cuando nuestros estudiantes son evaluados en
lectura, en conceptos científicos y en resolución de problemas, América Latina
se ubica en la cola del mundo y Colombia, tristemente, sigue peleándose el
último lugar.
Pruebas como PISA evalúan competencias para pensar, interpretar, resolver
problemas y leer críticamente. Estas competencias no las han desarrollado
nuestros estudiantes porque el sistema educativo todavía sigue dedicado a
transmitir informaciones impertinentes y fragmentadas.
El origen del problema no está en los maestros, es más complejo ya que todo el
sistema educativo está pensado para transmitir informaciones y no para pensar.
Así fueron pensados los currículos, los sistemas de evaluación, la selección y
formación de los maestros. Así también están pensados los museos y hasta los
concursos y noticieros de televisión. Han sido construidos para transmitir
informaciones, pero no para interpretarlas, analizarlas o leerlas de manera crítica
e independiente.
La solución es sencilla pero requiere un cambio profundo en el sistema
educativo. Necesitamos entender que la finalidad principal de la educación
básica no puede ser que los niños aprendan fechas históricas, accidentes
geográficos o nombres de huesos y plantas que se encuentran libremente en la
red. La finalidad no puede ser que los niños aprendan las operaciones
aritméticas que hoy pueden resolver con las calculadoras. La finalidad de la
educación básica debe ser el desarrollo de las competencias transversales para
pensar, interpretar, comunicarse y convivir.
Por ello, las clases deben ejercitar la inducción, la comparación, la
generalización y la argumentación. En sociales, por ejemplo, hay que garantizar
el dominio de conceptos como los de tiempo histórico, clase social, Estado,
revolución o producción. Hay que desarrollar el pensamiento multicausal,
crítico y relativista, que les permita a los jóvenes interpretar de manera
compleja los fenómenos sociales.
En ciencias naturales hay que comprender a profundidad conceptos como los de
masa y energía, desarrollar competencias para explicar y predecir los fenómenos
naturales y las competencias ecológicas para convivir con la naturaleza. Eso es
miles de veces más importante que saber los símbolos químicos o los nombres de
los huesos y las plantas, que solo sirven para resolver crucigramas y para
responder los exámenes de los profesores de química.
Por eso los niños suelen botar los cuadernos a la caneca al culminar los grados
ya que lo enseñado allí no servirá en la vida. ¿Botarían acaso los cuadernos si
en la escuela se enseñara cómo conquistar a las muchachas o los muchachos?
¿Botarían a la caneca los cuadernos si en la escuela nos ayudaran a construir
nuestros proyectos de vida, a manejar el dinero o a interpretar de manera
compleja la realidad social y natural?
Lo que se sigue enseñando en nuestras escuelas es muy impertinente para los
niños, la sociedad y la época porque no se puede transferir a la vida. Por
ello, volvimos a quedar en los últimos lugares en las pruebas PISA, que
evaluaron como los jóvenes resuelven problemas complejos, mientras nosotros en
Colombia seguimos enseñando ortografía y la compleja y abstracta gramática,
conocimientos que desconocen hasta nuestros mejores escritores.
* Julián De Zubiría, Fundador y Director del
Instituto Alberto Merani - correo@institutomerani.edu.co